La iglesia parroquial "San Benito Abad" de Arbancón es un bello edificio que combina soluciones tardogóticas del último renacimiento con modos de hacer propios ya del barroco. Con sus amplios calicantos y la torre a sus pies, domina la villa con su grandiosidad desde el extremo noroeste, viendo discurrir por delante, al norte, las aguas escasas y tranquila del arroyo Salcedo.

Orientada al este, presenta presbiterio poligonal y cuerpo columnario o de salón, con pilares cilíndricos de piedra labrada de los que arrancan las bóvedas que distribuyen el espacio en tres naves y tres tramos. Estas bóvedas son de crucería gusto tardogótico en el cabecero, y con relieves barrocos en el resto. Al mediodía van la sacristía y, en la esquina occidental, la torre. La portada principal, fue a parar al muro de poniente.

Juan L. Pérez Arribas destaca su carácter de "gótico decadente" sin olvidar su peculiar planta de iglesia columnaria, asunto en el que se centra José M. Jiménez al incluir nuestro templo en el catálogo de Hallenkirchen o iglesias de salón provinciales.

Iglesia de Arbancón: planta (Juan L. Pérez Arribas) y bóvedas.

Aunque a primera vista aparenta ser una edificación uniforme, enseguida se descubre que no es así; en el exterior se ven perfectamente, sobre todo en el muro norte, las adarajas que dejaron en el siglo XVI los constructores del primer tramo, justo a continuación de los estribos; y en el interior se aprecia perfectamente la diferencia entre el abovedado del primero tramo, con nervios de cantería de compleja trama y el de los dos tramos restantes, cuyo diseño por arista y sus geometrías remiten ya al siglo XVII.

La iglesia de Arbancón fue levantada en dos momentos bien diferenciados: cabecero y primer tramo son obra del siglo XVI , seguramente en su último tercio, mientras que el resto, los dos tramos restantes así como torre y sacristía, se construyeron a partir de 1661. De la época medieval sólo nos ha llegado la pila bautismal.

Esta praxis de reedificar iglesias en varias fases, primero la capilla mayor y luego el cuerpo (si se podía) era entonces muy común. Los recursos económicos eran limitados y sólo las parroquias más ricas y con más habitantes podían acometer la construcción de sus templos en una sola fase.

Pila bautismal, único reliquio de la época medieval

La iglesia antes de 1661: el cabecero del siglo XVI

El primer tramo o cabecero del templo se levantó en la segunda mitad del siglo XVI, y podría ser obra de Juan Sánchez del Pozo, el autor de "Santa María" de Cogolludo, o de Juan Ballesteros, el autor del cabecero de la iglesia de Fuencemillán. Su aspecto era muy similar al que actualmente ofrecen algunas iglesias del contorno con sus dos elementos básicos en absoluta desproporción: una capilla mayor de notables dimensiones con su presbiterio poligonal, su crucero y sus bóvedas de tercelete y combados junto a un cuerpo más reducido en altura y anchura con techumbre de carpintería. Las campanas iban en espadaña, a los pies del edificio.

Las obras de 1661

Los dos segundos tramos del cuerpo, la torre y la sacristía se levantaron a partir de 1661, realizados por los maestros Domingo de Villa como director de obra y Francisco Vélez de Pedredo como constructor, ambos montañeses de la merindad de Trasmiera, en la actual provincia de Santander. Ya habían trabajado juntos en Sigüenza, en la capilla de la tercera orden en 1660. A sus órdenes trabajaron oficiales de renombre como Lorenzo del Campo y Marcos de la Peña.

En la escritura se establecía un plazo de siete años para la realización de la obra. La razón de estos siete años es la costumbre de estos montañeses de pasar el invierno en su tierra para estar con su familia y para favorecer el “asiento de obra” durante el mal tiempo. Por otra parte, los frutos de cada año (grano, aceite y vino procedente de los propios de la iglesia y del llamado terzuelo, la parte del diezmo que se asignaba a la fábrica) permitían al mayordomo de fábrica hacer frente a los gastos.

Siete años después estaban terminados los calicantos y la armadura, pero faltaban las bóvedas; será ya en octubre de 1668 cuando se ajusta con el maestro de albañilería Manuel de Radona “el hazer la albañilería de la yglesia” es decir, las bóvedas y las yeserías. En 1669 parece que la bóvedas, entre otras cosas, estaban sin acabar por falta de medios económicos; así que decidieron acudir a los interesados (los perceptores de los diezmos) para que financiaran lo que faltaba por hacer. No tenemos más datos por lo que ignoramos si los interesados accedieron a aportar el dinero que faltaba; tampoco hemos podido averiguar en qué fecha exacta pudo darse la obra por terminada.

Esta segunda fase de obra (los dos segundos tramos, la torre y la sacristía) quedó rematada en 38.000 reales. Para entender el alcance de esa cantidad, que en principio parece corta, hay que tener presente que concejo y vecinos, tras la correspondiente asamblea, “para hacer acuerdo acerca de los materiales que los vecinos de dicho lugar y concejo se ayan de obligar a dar para ayuda a la edificación de la yglesia de San Benito de dicho lugar” acordaron contribuir con peonadas al derribo y desescombro de la parte vieja, y a poner a pie de obra la cal, yeso y arena y mampostería necesarios. Estuvieron de acuerdo todos los vecinos, excepto uno: “Ju° del Olmo alcalde dijo no se obligaba a cosa ninguna”.

De modo genérico puede decirse que en una obra de este tipo la mano de obra suponía un 50% del coste y los materiales más el transporte el otro 50%, de modo que la contribución de los vecinos de Arbancón podría tasarse en una cantidad que rondaría los 30.000 reales. Esto de contribuir los vecinos con prestaciones personales (y de sus animales para el transporte) en vez de hacerlo con dinero, era bastante habitual en obras de iglesias, ya que en esta época apenas se manejaba dinero. Podemos concluir que el coste final de la obra (manos, materiales y transporte incluido) que seguramente no pudo terminarse antes de 1670, andaría cerca de los 70.000 reales.

Detalles de la obra (de las condiciones incluidas en la escritura notarial)

Torre: “Primeramente se a de hazer una torre a fundamentis de sesenta y quatro pies desde la superficie de la tierra hasta lo infirmo de la cornisa con su texado y cruz y veleta… sacando las cepas (cimientos) de ocho pies de ancho asta lo firme de la tierra, con su zocalo de silleria de dos hiladas de mª vara y dicho zocalo se a de eligir de seis pies y m° de ancho sobre dicho cimiento… que levante dichas dos hiladas que hacen una vara, y desde alli se a de levantar dicha torre doce pies asta el talus… en seis pies de grueso dichas paredes haciendo el talus de piedra labrada por las partes de afuera y por adentro de mamposteria y desde alli se a de levantar dicha torre asta la imposta del cuerpo de las campanas en quatro pies de grueso dichas paredes dexando en sus tercias donde le tocare las ventanas…

y desde la imposta arriba donde esta elegido el cuerpo de las campanas se a de hazer dichas paredes a tres pies de grueso y dos pies de alto asta el collarino desando sus cuatro ventanas de quatro pies y m° de ancho y once de alto pª las troneras de las campanas… y fundar su texado a quatro aguas y una buarda pª salir quando se ofrezca, y dicha buarda se a de hazer a el lado meridiano… Se a de hazer una boveda en dicha torre a nivel de la tribuna pª que debaxo este la pila de el bautismo”.

Cuerpo: “Es condición que se a de hazer un cuerpo de yglesia en conformidad de la capilla mayor que corresponda en grueso de paredes y ondura de cimientos y postes y alturas y texados a lo fabricado de la capilla mayor y sus colaterales con sus estribos y arcos torales y formas correspondientes todo de piedra labrada.../ Se an de hazer en la pared que se sigue a la capilla mayor dos ventanas en la conformidad que tienen las que ay en la capilla mayor con sus vidrieras de alabastro/ Las bovedas de dicho cuerpo de yglesia y cornisas de los movimientos an de ser de yeso y ladrillo por la parte de adentro tabicadas y dobladas por arista… y xaarradas y blanqueadas con sus vivos como conviene pª dicha obra/ Se a de azer un arco de piedra pª la tribuna apainelado y otros dos arcos correspondientes a el en las colaterales.../ El maestro aya de hacer un nicho incluso en el calicanto en la parte del meridiano para el retablo de Nra. Sra. de los Remedios y otro nicho a la otra pª el retablo de San Roque”.

Cantería: “Todas las esquinas y ventanas y cornisas an de ser de piedra labrada y escodado con sus trabazones como lo demuestra la traza. Y todo lo demas de mampostería crecida lo más que se pudiese”.

Carpintería: “El maestro se aya de aprovechar de todos los despojos (de la obra vieja) y hacer la carpintería a parhilera todo a su costa/ Y el tejado ha de quedar a tres aguas al mejor armar que sera a tijera y ha de ser madera tabla y clabaçon y teja por quenta de el dicho mro. todo lo que faltare de mas de lo que ay oy en la yglesia”,

Albañilería: “Se an de hacer toda la albañileria jarrado y blanqueado a uso de Madrid a toda la dicha yglª”.

Sacristía: “La sacristía se ha de hacer adonde el lugar le pareciere y ha de tener diez y ocho pies de largo y de ancho trece pies poco más o menos, y de alto quince pies con sus bovedillas su ventana a levante rasgada y cuadrada por dentro y fuera con sus cornisas a la parte de fuera de papo de paloma y han de tener de grueso las paredes una vara de el pavimento de satª arriba con sus esquinas de piedra labrada de sillería y las bovedillas han de ser quarta y sesma con su tejado a tres aguas.

Portada: “Se an de hacer dos puertas correspondientes la una a el mediodía y la otra al zierzo pª entrar en dicha yglesia con sus pies derechos atranquerados y sus arcos a medio punto y tengan de gueco siete pies y catorce de alto… Mejora de Domingo de Villa: “la portada de el mediodía aya de ser con su çocalo y pedestal y vasa y sus medias pilastras acapiteladas y su cornisa que corra de parte a parte con su frontispicio sus pirámides con medias bolas” Añadido en la escritura: “La portada de dicha yglª se ha de hacer donde dicho cura y concejo dispusiere”.

Del contrato de 1668 con Manuel Radona:

Bóvedas y yesería “Las capillas del cuerpo de yglesia…, se an de boltear por arista y tercialete cada capilla conforme diere y tubiere su disposicion y se an de cerrar de yeso y toba dejándolas blanquiadas con sus vivos sacados con buen arte… Todos los arcos torales se an de guarnecer y correr de yeso negro con la moldura que tienen los arcos principales de la capilla mayor sin que se distinga en sus labores y molduras/ Se a de hechar su alquitrabe friso y cornisa todo alrededor del cuerpo de la yglesia con la moldura y alto que se señale resalteando por las mediopilastras hasta topar con el retablo principal/ Y las paredes de la yglesia se han de guarnecer de yeso… y dejar toda la yglesia asi lo que se a echo como lo que estaba echo blanqueado y labado conforme arte, y echar su rodapies negro de tres pies y medio”.

El chapitel de la torre

La tradición oral sobre la existencia de un chapitel en la torre de Arbancón, similar al que corona la torre de “Santa María” de Cogolludo, que habría sido destruido por un rayo a comienzos del siglo XX (junio de 1907), ha quedado confirmada documentalmente. Al no existir Cuentas de Fábrica en nuestra parroquia, es imposible saber cuándo se construyó, si bien existen indicios de que fue hecho en 1688 por el renombrado maestro de carpintería Domingo de Munar, aunque esta afirmación es sólo una hipótesis. El chapitel no fue reconstruido, simplemente se puso el actual tejado a cuatro aguas, volviendo la torre a su aspecto original.