El retablo mayor

Arbancón tiene el privilegio de conservar en su iglesia el único retablo mayor de la zona que logró pasar la barrera de 1936. La parte arquitectónica es obra del ensamblador seguntino Pedro Castillejo con quién se firmó la correspondiente escritura en octubre de 1654; la parte pictórica se debe al pincel del también seguntino Matías Jimeno, que dejó firma y fecha en dos de los lienzos “Mathia X° fatiebat año 1656”; y finalmente, las tareas de dorado se ajustaron en 1680 con el maestro madrileño Blas Solano quien, como el anterior, inscribió nombre y fecha en el banquillo del segundo cuerpo.

La parte arquitectónica

La estructura del retablo mayor de Arbancón, pese a ser de mediados del siglo XVII, sigue el modelo casillero típico del período renacentista, compuesto de cuerpo y calles: tres calles que se adaptan al presbiterio de la iglesia, y tres cuerpos, sobre el correspondiente banco o pedestal, que se coronan con frontones curvos. Los dos primeros cuerpos presentan columnas estriadas mientras que el tercero se arma con machones; columnas y machones, de orden corintio, van pareados en la calle central; los entablamentos, cuyos arquitrabe, friso y cornisa aparecen bien resaltados, moldados y adornados, son también de orden corintio.

El autor: Pedro Castillejo.- Nació en Siguenza el año 1622. Cuando en octubre de 1654 recibe el encargo de construir el retablo de Arbancón estaba terminando el del convento de “Nra. Sra. del Carmen” en Cogolludo. Si en Arbancón sigue el modelo casillero es, probablemente, por las dimensiones del muro a cubrir, mucho más alto que el de la iglesia conventual carmelita de Cogolludo.

Plazos y costes

La escritura notarial establece que se han de pagar por la hechura del retablo 10.000 reales. Los contratantes son “Dn Ju° Moreno del Campo cura de dicha yglª y Miguel de Sopeña su mayordomo” quienes se comprometen a pagar esos diez mil reales de los alcances y frutos de la parroquia; además del dinero, la iglesia se comprometió a poner “veinte cabalgaduras para traer la madera (no se dice de dónde) dandoles ellos de comer”. En cuanto a a plazos la escritura estipula que el retablo estaría acabado y sentado “hasta Pascua de Espiritu Santo del año de 1655”. Sabemos que en enero de 1656 Castillejo encarga al pintor Matías Jimeno seis lienzos, de donde se puede deducir que el armazón arquitectónico estaba ya en su sitio.

Descripción y programa iconográfico

Castillejo se obliga “de hacer un retablo… de la forma que está puesto en la tinta que está en su poder, excepto que las cornisas que estan en la traza an de ser de retallado obalos y ojas de espinacas dentellado y su friso de talla… dicho retablo a de ser ochabado y ajuntado con la capilla de dicha yglesia en lo ancho y largo”. Sobre el pedestal se dice que “a de yr como el del retablo del convento de Nra. Sra. del Carmen de esta villa (Cogolludo)… y a de llevar sus cartelas con oxas” y sobre las columnas que “an de yr al modo corintio y estriadas con sus capiteles corintio”.

La iconografía aparece perfectamente detallada en el documento: “en el campo principal a de hacer dos bultos de San Benito y San Bartolomé de talla entera, y en lo alto Dios Padre… y los remates an de ser dos bultos uno de la misericordia y otro de la justicia”. Las calles laterales han llegado a nosotros, con pocos cambios, tal como se proyectaron: “y los lienzos de pintura an de ser el primero a mano derecha Santiago a caballo, y a el otro lado san Pablo caydo del caballo/ El segundo lienzo de mano derecha san Matheo y en el otro san Lucas/ El tercero lienzo san Joan evangelista y san Marcos todos con sus insignias”.

San Mateo
San Lucas

Llama la atención la temática, que nada tiene que ver con la habitual en los retablos romanistas, centrada en los misterios del Rosario, ni con el titular de la iglesia, San Benito abad. En cualquier caso, vista en su conjunto la iconografía presenta una magnífica visión teológica en torno a los temas del arrepentimiento, la conversión, el Evangelio y la Madre de Dios; sin olvidar las representaciones de la misericordia y la justicia que cierran el retablo. Junto al tabernáculo estaban Juan Bautista y María Magdalena, la pecadora arrepentida (lienzo desaparecido). Luego están los cuatro Evangelistas y los dos apóstoles que más lejos llevaron el Evangelio: San Pablo y Santiago, que llegó hasta España, ambos en magníficas escenas ecuestres conocidas como la Conversión de San Pablo y la Batalla de Clavijo. En la parte superior del retablo tenemos el lienzo de la Asunción, la Virgen María que asciende a los cielos y es recibida por la Santísima Trinidad.

La parte pictórica

El proyecto inicial preveía colocar obra de talla en los cuatro espacios de la calle central: custodia (o sagrario), dos cajas con esculturas de San Benito y San Bartolomé y tablero de Dios Padre. Estos dos últimos, sin embargo fueron sustituidos por lienzos de la Asunción y la Trinidad, quizás por idea del mismo Matías Jimeno. La construcción del retablo de Arbancón tiene lugar en una época en que se tiende a colocar pintura en los espacios que antes se llenaban con escultura. Esta tendencia tiene motivos económicos pero también estéticos: la pintura permite escenografías más amplias.

Los lienzos corresponden a dos pintores distintos. A simple vista se aprecia que el colorido de los dos evangelistas del tercer cuerpo, así como de los remates semicirculares nada tienen que ver con el resto de los lienzos. Los primeros habrían salido de algún taller madrileño en que se imitaba el carácter tenebrista de Ribera, mientras que los demás son obra de Matías Jimeno.

Matías Jimeno

Bien sea porque los lienzos inicialmente previstos no se acoplaban a los vanos del retablo o bien, sencillamente, porque no se disponía de ellos, lo cierto es que en enero de 1656 Pedro Castillejo, por cuya cuenta corrían los cuadros previstos en el contrato, encarga seis lienzos al pintor seguntino Matías Jimeno. El contrato entre Pedro Castillejo y Matías Jimeno establece que por los seis lienzos este le dará 1.000 reales.

“... el dicho Matias Jimeno se obliga de pintar los dichos seis lienços en esta manera: Dos lienzos para el pedestral de dicho retablo de dos tercias y una pulgada de alto y dos baras y un dedo de ancho cada uno en que an de ir pintadas dos istorias una de la Magdalena haciendo penitencias y un San Juan en el desierto con lo que requiere cada una de dichas historias. Otros dos lienços de a dos baras y quatro dedos de alto cada uno y de ancho lo mismo que los del cuerpo del medio de dos evangelistas de Sn. Juan evangelista y S. Mateo con lo que requiere cada uno las quales son medidas justas sin el traslape que an de tener. Otros lienços principales para el cuerpo del m° retablo de a dos baras y quarta y dos dedos de alto y de bara y tres quartas de ancho cada uno, el uno a de ser la historia de la caida de San Pablo y el otro Santiago a cavallo con lo que requiere la historia de cada uno...”. Notemos que el lienzo de la Asunción no figura en el documento, lo que quiere decir que ya estaba pintado o que, sobre la marcha, surgió la idea de sustituir la figura de San Bartolomé, prevista en el contrato, por este lienzo.

La batalla de Clavijo
La caída de San Pablo

La primera noticia documental sobre Matías Jimeno es de 1635; es un contrato, en el que el maestro figura como pintor vecino de Guadalajara, para diversos trabajos en la colegial de Pastrana. Unos años después figurará ya como vecino de Sigüenza, ciudad en la que muere el 10 de agosto de 1657. Así que los lienzos de Arbancón, fechados en 1656, formarían parte de lo último de su creación. Jimeno ya había trabajado en la zona: en 1644 pintó cuatro lienzos para las pechinas de la cúpula de “San Pedro” en Cogolludo y en 1654 la parroquia de Yunquera le encomendó la parte pictórica de su retablo mayor, obra de Pedro Castillejo.

Desde el punto de vista técnico hay que señalar que Matías Jimeno es un magnífico pintor. Cuida mucho los fondos, con vegetación, montes, castillos… En el colorido, siempre transparente, destacan los azules claros. Y sobre todo, el tratamiento de la luz. En la composición destacan los lienzos de Santiago y San Pablo, con el caballo como centro, y con muchos personajes en su entorno.

Tareas de dorado-estofado

Veinticinco años permaneció el retablo de Arbancón en el tono natural de la madera; fue en 1680 cuando el dorador madrileño Blas Solano acometió las tareas de dorado-estofado, de lo que dejó constancia inscribiendo su nombre y la fecha en el banquillo del segundo cuerpo: “Blas Solano” en el lado izquierdo y “1680” en el derecho. El coste fué de 25.000 reales. A la hora del dorado solían ofrecerse dos posibilidades: colores en los lisos y dorado en talla y molduras, o dorado total, con estofado en lisos y talla. Lógicamente esta segunda opción era mucho más cara; es la que se eligió en Arbancón, lo que explica que el coste del dorado doblara el del retablo en blanco.

Acuerdo del concejo en 1672.- La historia del dorado del retablo de Arbancón comenzó ocho años antes, en 1672. Un protocolo fechado el 23 de marzo revela el dato de que el concejo había acordado “labrar por su quenta las viñas de la hermita de San Agustín para efecto de dorar el retablo de la parrochial del dicho lugar”; el firmante del protocolo, un vecino de Arbancón llamado Gregorio de la Cuesta, se obligó “de dar tres tenajas de cocer (el vino) de a quince cargas cada una y doscientos cantaros de tenajas de trasiego por tiempo de ocho años para recoger el fruto que de las dichas viñas procediere”; finalmente, se dice que la cantidad a emplear en el dorado del retablo sería lo que quedara una vez “pagada la renta de dichas viñas a dicha yglesia”. También se habla de donativos importantes de dos vecinos del lugar, el clérigo Antonio de Puebla y Miguel de Sopeña, y de aplicar al dorado del retablo los fondos de una obra Pía de Trigo fundada en la parroquia, de la que era patrón el concejo.

En fecha que no podemos precisar (antes, desde luego, de 1672) se habría suprimido la ermita de San Agustín (todavía se denomina San Agustín tanto el camino que conduce a Fuencemillán como el paraje, en lo alto de la loma, donde estuvo edificada esta ermita) pasando sus bienes (una serie de viñas) a la parroquia, quien, tal como era la costumbre, los tendría arrendados a particulares. El acuerdo consistió en que la parroquia arrendaba al concejo esas viñas, comprometiéndose éste a labrarlas y recoger el fruto gratuitamente y a emplear las ganancias de la venta del vino en el dorado del retablo, descontando únicamente el coste de la renta. Esto por tiempo de ocho años.

En efecto, cumplidos los ocho años del acuerdo y aprovechando “ser oy tiempo tan util de poner en execucion dicha obra por haber bajado el oro a 48 reales y no perder tan buena ocasión” se procedió a hacer cuentas del dinero disponible, a pedir la correspondiente licencia, a buscar dorador que redactara condiciones y a rematar la obra en el mejor postor.

El contratado fue Blas Solano, que figura como “maestro destofar y dorar vecino de la villa de Madrid”; Desde luego debía gozar de fama y prestigio, pues el concejo prefirió pagar 5.000 reales más con tal que fuera el citado maestro quien realizara la obra, ya que habían determinado “no se dorase el retablo si no es con maestro de arte de los de mas credito”. Blas Solano, que inicialmente había tasado el coste en 27.000 reales aceptó llevar a cabo el dorado-estofado del retablo por 25.000 reales.

Cerramos este apartado consignando el dato de que durante el verano del año 2007 se llevó a cabo una magnífica restauración, a cargo de “Tríptico Restaura”, por un coste de 30.000 € ; así que hoy muestra el retablo de Arbancón el colorido, luminosidad y esplendor originales. Las fotografías utilizadas para este estudio son posteriores a la restauración..

La sucesión cronologica de lo expuesto puede resumirse de este modo: en 1654 se instala un nuevo retablo mayor que cubriera el enorme cabecero levantado a finales del XVI; en 1661 se inician las obras de cuerpo y torre que dieron a la iglesia su forma actual; y en 1680 se procede al dorado del retablo. Así que el siglo XVII fue testigo del empeño de un pueblo por dotarse de una iglesia digna y bien ornamentada, siguiendo la máxima de “a Dios, lo mejor”. Durante la centuria siguiente, los esfuerzos de Arbancón, sin olvidar su iglesia (se pusieron los canceles, algún colateral, el órgano, etc.) irían en otra dirección: conseguir el título de villa que le librara de la jurisdicción de Cogolludo, título que fué expedido en agosto de 1721 y que supuso un enorme esfuerzo económico.

Escudo de Arbancón
Escudo de la villa de Arbancón
De Totemkin, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=27842829